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Terapia Psicológica

     

     

    Reviviendo la angustia: el trastorno de estrés postraumático.

    Por Orlando Martínez Malagón.

     

    En la actualidad, la situación de inseguridad y delincuencia se ha incrementado hasta llegar a cifras alarmantes. El ambiente que debería proveernos de una sensación de tranquilidad y resguardo, se ha convertido en uno de los principales factores estresantes que afectan nuestra salud mental. Cuando el ambiente se torna amenazante, el ser humano se hace vulnerable a los efectos de dicha amenaza. Es por esto que los trastornos mentales como la depresión, ansiedad, fobias, estrés postraumático, han venido en aumento, y, por fortuna, se les empieza a prestar mayor atención.

     

     

    Todos los individuos estamos expuestos a situaciones estresantes de la vida cotidiana, a todas ellas reaccionamos de manera adaptativa y sin que nos provoque importantes dificultades. Pero hay situaciones estresantes que rebasan nuestra capacidad de afrontamiento, tales como robos, asaltos, secuestros, abuso sexual, pérdida de seres queridos, maltrato físico y psicológico, violencia intrafamiliar, accidentes viales o aéreos, desastres naturales o provocados por el hombre (guerras, ataques terroristas, inundaciones, terremotos, huracanes). Cuando algo así sucede, el psiquismo humano se ve abrumado, y la experiencia traumática se queda almacenada en el cerebro de manera disfuncional y fragmentada, el recuerdo se queda “congelado” en el tiempo, y la persona puede reexperimentar las diferentes sensaciones de miedo, angustia, terror, desesperanza, tristeza, tal como si el evento estuviese ocurriendo de nuevo. Esto es lo que conocemos como estrés postraumático.

     

     

    ¿Qué es el TEPT?

     

    El trastorno de estrés postraumático está clasificado dentro del grupo de los trastornos de ansiedad. Este trastorno fue objeto de muchas investigaciones a raíz del regreso a casa de los soldados que participaron en la Guerra de Vietnam. Una gran cantidad de estos soldados empezaron a sufrir en casa síntomas que durante la guerra no habían mostrado, se despertaban angustiados por las noches pensando que debían resguardarse, frecuentemente les venían a la mente imágenes aterrantes de sus compañeros masacrados, no querían salir de casa, nada parecía divertirles, sentían una angustia terrible cuando escuchaban los motores de un avión sobrevolando su hogar, los fuegos artificiales les desencadenaban pensamientos, imágenes y sensaciones tan desagradables que permanecían paralizados víctimas de un intenso miedo que no podían controlar. Muchos de éstos soldados fueron atendidos por médicos que encontraron una gran similitud en los síntomas que presentaban, y empezaron a identificar este padecimiento como “neurosis de guerra”, “neurosis traumática”, o “síndrome post-Vietnam”. Era especialmente interesante el hecho de que los síntomas no hubiesen estado presentes durante las batallas, ni cuando los soldados estaban en el ambiente de la guerra, sino solo cuando regresaban al hogar que se esperaría fuese un lugar tranquilo y seguro, por eso también se conoció este síndrome como “fatiga de batalla”.

     

     

    No fue sino hasta el año de 1980, que este síndrome se incorporó a la clasificación diagnóstica psiquiátrica con el nombre de Trastorno de Estrés Postraumático, y se decidió eliminar el término de neurosis de guerra o post-Vietnam debido a que se dieron cuenta que el trastorno no era exclusivo de los soldados, sino que también lo presentaban personas que habían sido víctimas de desastres naturales, violaciones, secuestros, y otros eventos que representaban una situación estresante y especialmente traumática.

     

     

    Los síntomas característicos del Trastorno de Estrés Postraumático son una ansiedad intensa debido a la re-experimentación del evento traumático, éste puede re-experimentarse de muchas formas: recuerdos que incluyen imágenes, pensamientos o percepciones, sueños recurrentes sobre el evento, el individuo tiene la sensación de que el evento está ocurriendo de nuevo, “flashbacks” o imágenes súbitas y breves que provocan angustia, malestar psicológico intenso por la exposición a estímulos que simbolizan o disparan el recuerdo del evento (por ejemplo, un aroma que recuerde a la víctima de abuso sexual el perfume de su atacante, un sonido que evoque el estallido de una bomba, la lluvia que haga recordar a una víctima de una inundación ese evento), respuestas fisiológicas ante la exposición a estímulos que simbolicen o recuerden un aspecto del evento (como sudoración de manos, aumento de la frecuencia cardiaca, sensación de opresión en el pecho, sensación de incontinencia urinaria o fecal, sensación de asfixia, náusea, mareo, malestar gástrico o intestinal, entre otras).

     

     

    Además de la reexperimentación del evento traumático, la persona presenta conductas de evitación fóbica (por ejemplo, tratar de no pensar o evitar participar en actividades donde haya estímulos que le recuerden el evento, desinterés por participar en actividades sociales, restricción de la vida afectiva, sensación de un futuro desolador, la persona siente o cree que las cosas ya nunca serán igual después del evento traumático, que nunca podrá rehacer su vida o recuperarse de lo que le sucedió). Y un síntoma muy importante y característico de este síndrome es que la persona está demasiado alerta, sobresaltado todo el tiempo, con dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad o ataques de ira, dificultad para concentrarse, hipervigilante (en vigilia constante, se cuida y protege demasiado a sí mismo o sus seres queridos, aun cuando no exista ningún peligro).

     

     

    En resumen, la persona está reviviendo día a día el evento traumático, como si éste aún estuviese sucediendo en el momento presente.

     

     

    Se cree que estos síntomas se deben a un inadecuado procesamiento de la información a nivel cerebral, es decir, que el recuerdo se almacena de manera fragmentada, no integrada. También se ha observado que las sustancias químicas que comunican las neuronas están alteradas en sus niveles.

     

     

    ¿Cuál es el tratamiento?

     

    El trastorno de estrés postraumático tiene solución, y hay evidencia científica de diversos tratamientos que han demostrado su eficacia y efectividad para recuperar el bienestar: el tratamiento farmacológico, la terapia cognitivo conductual y la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR por sus siglas en inglés).

     

     

    Los tratamientos para el estrés postraumático van encaminados a disminuir los síntomas, el nivel de ansiedad y ayudar a la persona a recuperar la tranquilidad para poder superar el trauma. El tratamiento psiquiátrico utiliza medicamentos que estabilizan los niveles de las sustancias químicas del cerebro, mejorando así el estado anímico y disminuyendo la ansiedad. Las terapias psicológicas se encaminan a modificar la percepción que la persona tiene del evento traumático, de manera que pueda integrarlo a su pasado y que no afecte su presente, y de esta manera, obtener un aprendizaje de esa experiencia.

     

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    Psic. Orlando Martínez Malagón
     

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