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Terapia Psicológica

     

     

    TDAH: Cuando los regaños no bastan

    Por Orlando Martínez Malagón.

     

    Saúl quiere jugar con sus compañeros de escuela y ellos lo integran a su juego: “la roña”, tiene que correr detrás de ellos para pegarle la roña a todo aquel que toca, pero en el intento empuja a dos de sus amigos y caen al suelo, otro más se queja de dolor cuando golpea su espalda; al poco tiempo, los niños empiezan a verlo con recelo y ya no quieren jugar más con él. A sus escasos 6 años, Saúl tiene que tolerar el amargo trago del rechazo. La maestra de la escuela se ha dado cuenta que es distinto a otros niños, no puede permanecer sentado en su pupitre, frecuentemente se para y camina por todo el salón y regresa a su asiento cuando la maestra se lo señala, en el pupitre sigue moviendo sus manos y pies y no pasa un minuto cuando Saúl nuevamente se levanta. Luego de tanta insistencia, la maestra opta por dejar de llamarle la atención y enviarlo a la Dirección.

     

     

    Su madre piensa que es un niño muy desobediente, cuando le llama para desayunar, lo tiene que hacer en varias ocasiones porque pareciera que Saúl no la escucha, y por si esto fuera poco, no termina su desayuno y se va directo a ver televisión. Por más que la madre ha intentado corregirlo, el cuarto de Saúl es un perfecto caos, ha perdido ya varios de sus juguetes favoritos y cuando es momento de vestirse, tarda horas buscando sus calcetines. A la madre le molesta que cuando platica con una amiga, Saúl insista en entrometerse y decir lo primero que viene a su mente aunque nada tenga que ver con la charla, tanto las interrumpe que la madre termina castigándolo por “mal educado”.

     

     

    El peor momento para la madre de Saúl es cuando él tiene que hacer tareas escolares, pasa la tarde entera sentado frente a su cuaderno, sin lograr dibujar una sola vocal, sus torpes movimientos hacen que rompa la punta de lápiz y pierda mucho tiempo afilándola de nuevo, en menos de dos meses la madre ha comprado dos cajas de lápices para reponer los que Saúl rompe o pierde. Sus calificaciones, por cierto, dan mucho qué desear. Saúl se entristece cuando ve su boleta y escucha los constantes regaños de su madre, que desesperada llega a insultarlo diciéndole “¡¿eres tonto o qué?!.. ¿qué no puedes fijarte en lo que haces?.. ¡¿porqué nunca terminas tus tareas?!.. ¡ya estoy harta de tanta queja tuya en la escuela!”

     

     

    La gota que derramó el vaso fue aquella vez que Saúl quiso volar un papalote, era tan llamativo que subió a la azotea de su casa para empinarlo y en un momento casi cae al suelo mientras trataba de desenrollar el hilo, la madre envuelta en pánico le gritó: “¡bájate inmediatamente de ahí!, ¡¿qué no piensas?!, ¡¿eres estúpido?!, ¡estás tan metido en tus tonterías que no te fijas que te vas a caer!”. Saúl lloró amargamente, y estaba empezando a creer que realmente era un tonto. La escuela, los compañeros, su familia, todos coincidían en eso. Saúl no sabía porqué siempre le salían las cosas mal, él no quería ser desobediente, pero su madre siempre lo regañaba, él buscaba mejores calificaciones, pero la boleta siempre se llenaba de números en rojo. No sabía y no tenía porqué saberlo, que lo que pasaba con él no es que fuese un tonto, sino que tenía un trastorno, un TDAH. 

     

     

    ¿Qué es el TDAH?

     

     

    El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es un síndrome neuropsicológico que se caracteriza por la presencia de síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad. Estos tres aspectos son fundamentales para considerar el diagnóstico. Los niños con TDAH no logran sostener su atención por periodos prolongados, lo que provoca que no terminen las actividades que inician, no concluyan sus tareas, sus juegos, sus quehaceres domésticos; además parecen no escuchar cuando se les habla porque su atención está dispersa. Son niños más inquietos de lo esperado para su edad, no pueden permanecer quietos ni sentados en un solo sitio, si permanecen sentados continúan moviendo alguna parte de su cuerpo como si tuvieran necesidad de hacerlo; aparentemente la hiperactividad es un mecanismo compensatorio del organismo debido a una actividad lentificada en ciertas zonas cerebrales. Hay también impulsividad, no miden los peligros, interrumpen, no esperan turnos, hacen cosas sin pensar en las consecuencias.

     

     

    ¿Cuál es su origen?

     

     

    No se conoce una causa específica del déficit de atención y la hiperactividad, aunque se han identificado algunos factores de riesgo como el tabaquismo durante el periodo de gestación. Las investigaciones recientes muestran que los niños con TDAH tienen una actividad lentificada en el área órbitofrontal del cerebro, justo por encima y detrás de los ojos, en la llamada circunvolución cingular. Esta zona está íntimamente relacionada con la función de la atención y la regulación de la propia conducta, es el área cerebral que nos permite anticipar las consecuencias de determinada acción y evaluar la conveniencia de un acto. Los niños con TDAH, al tener muy poca actividad en esta zona cerebral, no consiguen controlar su conducta y evaluar resultados. Esto también impacta en habilidades tales como la organización, la lectoescritura y la motricidad.

     

     

    El niño con TDAH simplemente no es capaz de sostener su atención ni controlar su conducta y no se le debe culpar por no conseguirlo. Cuando se regaña a un niño con TDAH por su inquietud es como si regañásemos a cualquier persona por tener gripa, no tienen control sobre ello. Frecuentemente los niños con TDAH, debido a estos regaños, empiezan a presentar problemas de conducta al ver que por todo o por “cualquier cosa” se les castiga, a esto hay que añadir que van construyendo un concepto inadecuado de sí mismos, llegando a presentar problemas de autoestima. Si el TDAH no se atiende, existe el riesgo de que el niño a medida que vaya creciendo, presente problemas graves de conducta o incluso de consumo de drogas, debido a la incapacidad para evaluar riesgos.

     

     

    ¿Qué tratamientos existen para este problema?

     

     

    Para solucionar el problema, es necesario que los niños tengan un tratamiento integral, con apoyo del médico psiquiatra, el psicólogo y/o el neuropsicólogo, el maestro de escuela y los padres de familia. El psiquiatra indicará un medicamento que active las zonas cerebrales lentificadas, lo que permitirá al niño sostener su atención por mayor tiempo y controlar su conducta. El psicólogo evaluará las habilidades cognitivas del menor y desarrollará programas de estimulación de estas habilidades, además de programas de recompensa que ayuden a mejorar la conducta del niño. El maestro de escuela, en colaboración con el psicólogo, tendrá que implementar métodos especiales de enseñanza con el niño, consistentes en dividir tareas largas en pequeñas tareas y orientación sobre los procedimientos para la resolución de problemas y para la ejecución de tareas. Los padres de familia por su parte, podrán informarse sobre el déficit de atención e hiperactividad, y desarrollar estrategias, coordinadas con el psicólogo y el maestro de escuela, que permitan al niño mejorar sus habilidades en el ambiente doméstico.

     

     

    El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición tratable y con posibilidad de solución en el largo plazo. Si su hijo presenta datos de inatención, hiperactividad o impulsividad, considere que pueden ser síntomas de este síndrome y tome en cuenta la posibilidad de una evaluación diagnóstica, acuda con el psicólogo o el psiquiatra para que le orienten en el manejo de la situación.
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    Psic. Orlando Martínez Malagón
     

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